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Los sindicatos se contradicen al intentar justificar la implantación de la jornada continua en las escuelas

20 marzo 2011

Ahora que todo el mundo conoce la verdad sobre la jornada continua  y se sabe que no tiene nada que ver con una mejora de la educación, el profesorado y sus sindicatos están buscando nuevos argumentos para  justificar su implantación en los centros educativos.

Hace unos días CC.OO. de Cantabria propuso implantarla para crear “en torno a 1.000 empleos en toda Cantabria para personal de servicios complementarios, como monitores o acompañantes.” Comentamos esta noticia en esta entrada.

Ahora en Cataluña, los sindicatos proponen su implantación para ahorrar en comida y en transporte, una medida que perjudicaría a las empresas de comedores escolares, de catering y de transporte, dejando sin empleo a muchos de sus trabajadores:

Impartir clases en jornada intensiva, es decir, sólo por la mañana, supondría, según los defensores de la petición, un ahorro importante de energía y comidas. Además, los obligados recortes económicos han añadido argumentos de peso a los defensores de este cambio, ya que ahora se paga el transporte y la comida a los niños y niñas que viven lejos del centro donde estudian y esto supondría un ahorro muy importante de comidas en general.

Fuente: Portal informativo de TV3: 3cat24.cat   (Traducción: Google Traductor)

¿Cuántos trabajadores pueden perder su empleo si se adopta esta medida?  ¿Cuántas pequeñas empresas corren el riesgo de tener que cerrar? ¿A cuántas familias con hijos menores de edad se perjudicará?

No sería sensato plantear un cambio de jornada escolar sin realizar previamente un estudio serio para analizar todas las consecuencias de esta medida.

¿De qué cifras están hablando exactamente los defensores de esta petición en lo que se refiere a este “ahorro importante”? 

Y lo más importante: ¿cómo afectará el cambio de horario a la Educación Pública?

Sindicatos y profesores consideran que es una opción que no afectaría nada la calidad de la enseñanza aunque obligaría a reorganizar también los horarios extraescolares.

Lo cierto es que los expertos y las Confederaciones y Federaciones de AMPAs consideran que la jornada continua no es un modelo adecuado para la educación de los alumnos al presentar muchas desventajas y que la jornada partida se adapta mejor a sus necesidades educativas.

Además, todas las comunidades y ciudades autónomas pioneras en implantar la jornada continua registran actualmente un elevado porcentaje de fracaso escolar (Andalucía, Canarias, Extremadura, Baleares, Murcia) y fueron las únicas del país que obtuvieron resultados por debajo de la media de los países de la OCDE y de la de España en la última evaluación del informe PISA. Pueden comprobarlo en este gráfico.

La jornada continua tiene más inconvenientes: las clases son más cortas, por lo que el profesorado dispone de menos tiempo para impartir su materia; la falta de tiempo obliga a éste a encargar más deberes al alumnado, y hay muchos padres que no pueden ayudar a sus hijos con los estudios, porque no tienen la formación adecuada; muchas familias se ven impulsadas a acudir a clases particulares, mientras que otras no pueden afrontarlas económicamente. Este tipo de jornada agranda las desigualdades sociales. (…)
.
Por todo ello, consideramos que la jornada continua no contribuye en absoluto a combatir el fracaso escolar, supone un recorte en el derecho a la educación de los niños y niñas, y un retroceso para la educación pública. Este tipo de jornada es un obstáculo para eliminar las desigualdades sociales.
.

Por lo tanto, todo indica que el cambio de horario afectaría negativamente a la calidad de la educación.

Lo que no explican sindicatos y docentes es que la jornada continua es una de sus reivindicaciones para mejorar las condiciones laborales: con la jornada continua, el profesorado puede disfrutar de las tardes libres y conciliar su vida familiar y profesional.

El horario laboral del profesorado está supeditado al horario escolar de sus alumnos. En las comunidades autónomas donde la Administración delega en las familias la decisión de la jornada escolar y, por lo tanto, de la jornada laboral del profesorado, se producen cada año numerosos enfrentamientos entre docentes y padres de alumnos, dañando para siempre las tan necesarias buenas relaciones entre familias y centros educativos. Lo que ocurre es que cuando las familias votan a favor o en contra de la jornada continua, están aprobando o denegando la jornada intensiva al profesorado. Lamentablemente, en su afán por conseguir una mejora de sus condiciones laborales, muchos docentes no dudan en faltar a la verdad, a inducir a error a los padres de sus alumnos, a enfrentar a las familias de sus comunidades educativas e incluso a presionar a los representantes de padres para que cambien su voto en un Consejo Escolar. Pueden comprobarlo en los siguientes enlaces:

El problema es que todo indica que jornada escolar que mejor se adapta a las necesidades educativas de los alumnos, no es la jornada laboral que desea tener el profesorado.

Es legítima la pretensión de los docentes de mejorar sus condiciones laborales y puede que algunos de ellos ven en la crisis y en el recorte económico una oportunidad para conseguir la jornada intensiva, pero no toda mejora laboral es admisible. El problema es que no solamente se perjudicaría a los trabajadores de otros sectores, sino que esta mejora laboral iría en detrimento de un servicio público, en este caso, de la Educación Pública..

 

Escrito por Cristina (Grupo Jornada Escolar)

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11 comentarios leave one →
  1. Antonio V. permalink
    20 marzo 2011 20:32

    Ahora el argumento del ahorro vale para todo, ¿pero quién ahorra?. La administración se ahorra el transporte y el comedor escolar en algunos casos y mientras las familias se pagan el transporte para actividades extraescolares y las propias actividades.
    Me parece peligroso ir por este camino así acabaremos privatizando la enseñanza y de paso hasta la sanidad, ya todo vale por el ahorro, los principios del Estado de Bienestar los tiramos por la borda, ya no pensamos en servicios públicos que esten al alcance de todos y que favorezcan la igualdad, de momento quien pueda que pague actividades extraescolares y quien no a ver bob esponja que ya tiene nuevos capítulos.
    Por supuesto que con tal de ahorrar se puede pasar por alto la calidad de la enseñanza, después de tantos años con el argumento de parecernos a Filandia y vistos los resultados de PISA donde nos parecemos más a otras regiones, ahora se busca un nuevo argumento el del “ahorro” y que casualidad que los docentes tienen la solución, se puede ahorrar y para ellos las tardes libres…
    Como no empecemos a pensar en los niños y en una educación en la que de verdad ellos sean la prioridad en pocos años el principal problema de España no será el solo el ahorro.

  2. mercedes permalink
    5 abril 2011 11:39

    No se por que la gente se empeña en defender la jornada partida escolar, cuando esta claro que es un atraso y que solo estan mirando por ellos mismos, que no les molesten los hijos y ellos trabajar tranquilos para ganar y tener mas cosas materiales sin pensar en lo que importa realmente, que son sus hijos. Y por ultimo decir que en Andalucia, de donde yo soy no esta peor la educacion ahora que es jornada intensiva, a cuando yo iba que era partida, eso lo puedo asegurar.

    • Salva permalink
      5 abril 2011 18:29

      Mercedes, ¿por qué está claro que la jornada partida es un atraso? ¿Por qué es mejor la jornada continua que la partida? ¿Puedes argumentar tu postura?

    • Juanjo permalink
      5 abril 2011 22:01

      Para mercedes:

      Buenas,

      Si la educación en Andalucía ha mejorado gracias a la jornada intensiva , explícame ¿qué tiene la jornada continua que no tiene la jornada partida para mejorar la educación de los chavales?

      La jornada intensiva se implantó en Andalucía hace más de 25 años, o sea un cuarto de siglo. ¿Cuántos años o cuartos de siglos más necesita para que sus alumnos no sean entre los últimos en el informe PISA?

      Saludos

    • 6 abril 2011 9:08

      Otros, en cambio, Mercedes, no entendemos como algunos se empeñan en defender la jornada intensiva sin más argumento que la insultante suposición de que es porque los padres queremos tener lejos a nuestros hijos.
      ¿No se le ocurre alguna idea más brillante para argumentar su postura?

  3. Uno permalink
    6 abril 2011 20:26

    Otra joyica que hace que cada día sigamos enseñando:

    Esos locos que enseñan. Yo los conozco. Los he visto muchas veces. Son raros. Algunos salen temprano por la mañana y están en el cole una hora antes, otros recorren todos los días más de 100Km de ida y otros tantos de vuelta. Están locos.

    En verano les dan vacaciones, pero no desconectan del todo, piensan en sus clases, preparan tareas para el curso siguiente. En invierno hablan mucho, siempre llevan caramelos de miel y limón en los bolsillos, otros con una botella de agua a su lado. Su garganta siempre está dolorida, pero siguen enseñando, a veces fuerzan su voz, pero siguen transmitiendo sus conocimientos con cariño e ilusión.

    Yo los he visto, no están bien de la cabeza. Salen de excursión con sus alumnos y se encargan de gestionar autorizaciones, recogida de dinero y responsabilidad extra.

    Qué será de ellos y ellas. Por la noche sueñan con el colegio, se les aparecen planetas, ecosistemas y personajes históricos. He escuchado que llegan cargados con cuadernillos y exámenes, que han corregido la tarde anterior en su casa.

    Son mujeres y hombres, casados, solteros,…de diferentes edades, pero a todos les apasiona su trabajo, ver crecer a sus alumnos, ayudarlos y conseguir de ellos ciudadanos competentes.

    Los he visto muchas veces. Están mal de la cabeza. Algunos dicen de ellos que viven muy bien, pero les han recortado el sueldo y siguen trabajando incluso más que antes, algunos no miran ni su nómina porque su pasión por la enseñanza los hace ciegos a pensar en el cobro. Disfrutan con lo que hacen, aunque haya padres que los discutan y les quiten autoridad, ellos siguen hacía adelante.

    Están mal; por las tardes quedan para hacer cursos de formación y no les importa perder tiempo de su ocio para reciclarse.

    Dicen que son autocríticos y que hacen balance de sus experiencias educativas, que se frustran cuando no salen las cosas como esperaban,
    que se alegran cuando sus alumnos avanzan.

    Están mal de la cabeza, yo los he visto. Dicen de algunos que fueron muy importantes, que siempre tienen palabras de aliento; dicen sólo que son MAESTROS y que se sienten MUY ORGULLOSOS DE SERLO.

    ¿¡Os veis reflejados/as en algún momento!?

    • Antonio V. permalink
      7 abril 2011 17:14

      Hola Uno, me parece muy bien tu comentario y además haces muy bien de matizar en “algunos”, ya que todos los maestros no son así.
      Los padres no tenemos nada en contra de los maestros y queremos seguir así, por eso no dejamos de pedir que no se nos obligue a decidir sobre su jornada laboral.
      Además tampoco nos gusta que algunos maestros utilicen a nuestros hijos para conseguir una mejora laboral.
      Si la jornada partida es mala hay que demostrarlo y una vez demostrado buscar la jornada más apropiada distinguiendo en cada caso particular la mejor jornada para cada centro y todos sabemos que hay más opciones que jornada partida y continua.

    • 8 abril 2011 12:41

      Completamente de acuerdo con Antonio.
      Uno, habla usted de los maestros a los que todos reconocemos su valor, cuidado cuando lo demuestran porque como muy bien dice Antonio, algunos, ya que otros — y trístemente me atrevería a decir bastantes, ya que no solo usted conoce — no lo demuestran.
      Pero cuando otros muchos enharbolan un rancio y absurdo victimismo en cualquier situación, como ahora usted mismo está haciendo en este comentario, es de justicia preguntarles ¿de que se quejan? ¿saben en estos momentos aquellos que todavía conservan sus puestos de trabajo los sacrificios a los que se ven obligados?
      Me habla de unos profesionales con, generalmente, menos de 180 jornadas lectivas/laborales al año, frente a las más de 220 jornadas de cualquier trabajador. Pero para ese cualquier trabajador esas jornadas se desglosan en 1770 horas anuales y, de ahí para adelante …
      ¿Hablamos de responsabilidad? ¿y de presión y estres?
      Se me parte el corazón cuando maestros de infantil me hablan de estres. Puedo entenderlo en Secundaria ¿pero en etapas inferiores? A ver si somos serios.
      Estamos hablando de unos individuos que han asumido una de las responsabilidades más importantes de una sociedad y que muchos han abrazado por comodidad, SIN NINGUNA DUDA. Y, por supuesto, entre estos hay grandes profesionales.
      Vivimos en un pais en el que muchos hacen grandes esfuerzos para salir adelante y sin la seguridad de que pasará en unos meses.
      Que a ellos les han quitado un 5% de su sueldo; y a mi también y antes que a ellos; la diferencia es que, a pesar de eso, mi puesto de trabajo puede desaparecer, como el de muchos millones más. Y el suyo no, lo hagan como lo hagan; y eso no puede ser.
      Pero esos otros miles, cientos de miles, que se quejan de esa medida de reducción y de tantos sacrificios a los que aseguran someterse — sin que los padres veamos como les luce a nuestros hijos — no corren ningún riesgo. Y a mi me parecería perfecto siempre y cuando hicieran todos, absolutamente todos, su trabajo y asumierna sus responsabilidades y no anduvieran enfrentando a la gente por mejorar, aún más su jornada laboral.
      Y no, yo no quiero ser maestro, lo he dicho infinidad de veces ante la estupidez de … si te parece que lo hacemos tan mal, es tan fácil y tan cómodo, hazte maestro …. No, son ellos y ellas los que tienen que cumplir con sus obligaciones, libremente asumidas. Yo ya cumplo con las mías y afortunadamente me encanta mi trabajo.
      No se trata de hablar de lo que hacen unos u otros o dejan de hacer, sino que cada uno asuma lo que debe asumir. A mi me da igual si los maestros deben trabajar 180, 178 o 120 jornadas, lo que me importa es que enseñen a mis hijos, los conozcan y los guien; y que nos guíen a nosotros como padres — cuidado, que nos guíen, no como una maestra amiga me comentaba una vez, que ella le ponía tareas a los padres de sus alumnos, tareas que eran las que ella debía hacer en su clase, que ya tiene narices — que continuamos la enseñanza en casa; que nos hablemos como iguales</b, cada uno con su parte de responsabilidad.
      Eso se llama colaboración. Y así se progresa.
      Pero esa colaboración no existe.

  4. Uno permalink
    9 abril 2011 21:33

    Sólo puedo decirte que estás muy lejos de la realidad. Me da la sensación de que tienes algún conocido, al que no soportas, trabajando de maestro y vuelcas en esta página toda la inquina que tienes hacia él. He trabajado con niños de infantil y con alumnos de Secundaria, ¿estrés?, mucho más en infantil, ¿presión?, mucha más en secundaria.

    • 11 abril 2011 9:39

      Nosotros, los padres, para ustedes siempre estamos lejos de la realidad ¿verdad?
      Creo que son ustedes los que viven una realidad distinta de la de la mayoría de las familias.
      Según su anterior comentario la absoluta mayoría de los docentes son unos grandes e incomprendidos responsables sin tacha que deben luchar, además de con su trabajo diario, con esa incomprensión de aquellos que tienen frente a ustedes, los padres, los verdaderos ignorantes.
      Mire, lo del maestro, el farmaceútico, el cura y el cabo de la guardia civil, autoridades sin discusión, protagonistas de las comedias de los años 60 está desfasado. La autoridad y competencia no vienen con el cargo, hay que demostrarla.
      Y frente su descripción anterior de las “penurias” del docente se encuentra la realidad de los que si sufren dificultades y penurias y usted no está ahí.
      Y su profesión da cabida a muchos, muchísimos individuos sin ninguna vocación que día a día lo demuestran. No es un maestro al que le tenga manía, no; no es una cuestión de manías sino de irresponsabilidad de muchos entre, por supuesto, la resposabilidad de otros muchos, a menudo ocultos entre los primeros.
      Están muy lejos de cumplir y ocupar la posición que debería tener en la sociedad. Y esto se lo están ganando — mejor dicho, perdiendo — ustedes.

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