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Jornada continua: cuando unos docentes comprometen la educación y el futuro de los niños

28 abril 2011

El futuro de un niño depende de la educación y de la formación que recibe. Los estudios no solamente le permitirán adquirir conocimientos y tener más oportunidades para encontrar un trabajo cuando sea mayor, sino que, además, le enseñarán a pensar racionalmente, a manejar e interpretar la información, a ser un adulto con pensamiento crítico.

El abandono escolar en España se sitúa en un 31,2%, por encima del doble de la media de la Unión Europea. Para mejorar la Educación, una parte del profesorado propone implantar la jornada continua en las escuelas, pero la verdad es que cambiando el horario de entrada y de salida en los centros, no mejorarán los métodos de enseñanza, ni los métodos de aprendizaje, ni la atención a los alumnos con dificultades.

Andalucía implantó la jornada continua hace más de 25 años y esta semana en el Diario de Sevilla podemos leer que Sólo tres de cada diez institutos se salvan del fracaso educativo: “Los inspectores achacan los malos resultados al bajo nivel que arrastran los alumnos desde Primaria y que se evidencia cuando llegan a Secundaria.”

Por lo tanto, resulta indecente seguir afirmando que la jornada continua es una mejora pedagógica, una medida para combatir el fracaso escolar, y aconsejar a los padres de votar a favor del cambio de horario porque mejoraría el aprendizaje de sus hijos. La verdad es que no existen razones educativas para someter a unos menores de 3 a 11 años a un horario escolar  intensivo. La jornada continua sólo es una reivindicación del profesorado para mejorar las condiciones de trabajo: la jornada laboral del profesorado está supeditada a la jornada escolar de sus alumnos y cuando los padres votan a favor o en contra del cambio de horario, en realidad están aprobando o denegando una mejora de las condiciones laborales a los maestros de sus hijos. Por esta razón, el profesorado y sus sindicatos en Aragón, Cataluña y la Comunitat Valenciana reivindican la libre elección de la jornada escolar en las escuelas.

En Andalucía, aunque las familias quisiesen volver a la jornada partida sería imposible porque la Consejería aceptó blindar la jornada continua del profesorado:

El otro punto que se ha tratado en la negociación es la eliminación de la obligatoriedad de abrir los colegios dos tardes a la semana, consolidando así, por decreto, la jornada continua del profesorado. Ahora más del 90% de los centros escolares andaluces tiene implantada la jornada continua por la mañana. Apenas hay horarios partidos de mañana y tarde. Sin embargo, esa situación estaba a expensas de las decisiones del consejo escolar. Si los padres votaban por unanimidad que preferían una jornada partida para sus hijos, los profesores debían aceptarlo. La consejería ha aceptado blindar el horario continuo.

Fuente: El CorreoWeb.es

Una cosa es que se implante la jornada continua porque así lo decidió libremente la comunidad educativa después de recibir información veraz, contrastable y conocer todos los inconvenientes de este horario para la educación de los niños, y otra bien distinta es lo que está pasando en las escuelas en este país: la información que los docentes facilitan a las familias es engañosa, los proyectos que elabora el profesorado contienen falsedades, afirmaciones que no se demuestran y omiten la opinión de los expertos y de las Federaciones de AMPAs que advierten de los inconvenientes de este modelo para la educación de los menores: los niños con jornada continua tienen más deberes y, por lo tanto, necesitan más ayuda extraescolar, se perjudica a los menores que no reciben esta ayuda, en particular a los niños que ya tienen dificultades de aprendizaje y a los más desfavorecidos, etc…  Pero lo peor es que en muchas escuelas el profesorado niega el debate a las familias, las coacciona o presiona para que voten a favor de la jornada continua. Esta falta de ética profesional de una parte del profesorado provoca cada año numerosos enfrentamientos, dañando irreversiblemente las relaciones entre las familias y las escuelas.

Los padres de alumnos no cuestionan el derecho del profesorado a reivindicar mejoras laborales, pero lo que no se puede hacer es faltar a la verdad y abusar de la confianza de las familias para conseguir estas mejoras. Y lo más grave es que estos profesionales están comprometiendo la educación y el futuro de unos niños y, en definitiva, con el futuro de todo el país.

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Escrito por Cristina (Grupo Jornada Escolar)

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